Cómo he perdido 20 kilos sin esfuerzo (el camino fácil es real)
El día que entendí que las dietas eran parte del problema, me liberé para siempre.
Después de una vida a régimen, pesaba 30 kilos más que al principio; así que ya sabía que, de esa manera, sólo conseguiría seguir engordando.
Decidí abandonarlas, pero seguía deseando cambiar. Algo dentro de mí me decía que no me resignara, que podía quitarme ese peso físico y emocional de encima si hacía las cosas de otra manera.
Fue entonces cuando tomé la decisión de buscar soluciones distintas, y empecé a hacerme preguntas diferentes: ¿qué hace que una persona que desea adelgazar no lo consiga?, ¿cuándo, cómo y por qué nos bloqueamos?, ¿qué distingue a los que pueden de los que no?, ¿realmente se trata de fuerza de voluntad?
Yo ya había adelgazado muchas veces 10 kilos, dos veces 20 kilos y una vez 30 kilos; el camino de la fuerza de voluntad lo conocía bien, al igual que todas las personas que sufren por el peso. Si algo tenía claro es que no se trataba de eso.
Aligera la carga que añades al peso
Tras más de 20 años atrapada en el peso, entendí en qué consiste la trampa en la que tant@s caemos.
Creemos que somos insuficientes, que así no podemos estar, y que nuestra felicidad y la vida que deseamos no llegará hasta que estemos bien.
Le ponemos toda esa carga al peso, y comenzamos a vivir desde ahí: “ya me compraré ropa cuando adelgace”; “ya saldré más cuando pierda peso”; “ya me arreglaré cuando vuelva a estar en mi talla”… renunciando a vivir con alegría el momento presente por no ser físicamente «adecuadas».
Esa renuncia a nuestras necesidades y anhelos vitales de este momento es la que nos provoca ansiedad, una ansiedad que no te deja vivir en paz.
Aunque hay una parte de ti que ya está harta de tener que esperar al peso para poder vivir, te dejas llevar por esa ansiedad y te vuelves a enredar en las dietas, creyendo que esa es la salida.
Sin embargo, el proceso es exactamente al revés.
No se trata de adelgazar para poder sentirte bien; sentirte bien es lo que te permite quitar toda esa carga adicional que le has puesto al peso, y tomar mejores decisiones para ti.
¿A qué has dedicado más tiempo en tu vida?
Cuando yo me hice por primera vez esta pregunta, mi respuesta fue: “a sufrir por el peso”.
Me resultó triste e impactante, porque nada podía estar más lejos de cómo yo deseaba vivir. Así que a partir de ese momento comencé a hacer todo lo que quería hacer sin esperar al peso, es decir, sin obligarme a adelgazar primero.
6 meses después pesaba 20 kilos menos.
Cuando llevas mucho tiempo viviendo en la trampa del peso, es posible que te cueste pensar en algo más que dietas y esfuerzo, y que te dé vértigo permitirte disfrutar pesando lo que pesas ahora. En el fondo sientes que no puedes, porque rechazas profundamente tu aspecto y crees que estando como estás no es posible tener la vida que tú deseas.
Sólo reaccionarás cuando te des cuenta de que tu forma de ver las cosas es la que te mantiene en la trampa.
Cuando estás ahí, lo más útil es hacerte nuevas preguntas:
¿Cómo sería mi vida si nunca hubiera tenido problemas de peso?, ¿qué estaría haciendo ahora si estuviese delgada?
Después, simplemente, ponte en marcha.
Olvídate del peso y haz ahora lo que harías si ya estuvieras en tu peso soñado, todo eso que deseas hacer desde siempre, lo que te gusta y te sienta bien.
La calidad de tu vida mejorará inmediatamente, y es más que posible que pierdas peso sin darte ni cuenta.


