El camino está despejado
Cada vez dedicas más tiempo a pensar en eso que no te gusta de ti (tu peso, por ejemplo) y a buscar una solución que te permita volver a sentirte bien.
Estar mal te inquieta, te produce desasosiego, y necesitas corregir ese defecto como sea.
De lo que no nos damos cuenta es de que ese defecto solo está en nuestra cabeza, y de que crece al mismo ritmo que la atención que le dedicamos.
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Cuanto más rechazo sientes por tu aspecto, peor te sientes. Cuanto peor te sientes, más invalidas tu capacidad de acción.
Creemos que es al revés, que cuanto más odiemos algo, más fuerza tendremos para cambiarlo, pero la experiencia nos acaba mostrando el verdadero orden de las cosas, una y otra vez.
Con esto no te animo a fingir que ahora te gusta tu aspecto, ni a que te resignes a vivir con sobrepeso. No hay nada malo en querer verte bien.
A lo que te animo es a descubrir que rechazarte no es el camino, pues produce el efecto contrario al que estás buscando.
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Si quieres perder peso, deja a un lado los pensamientos duros y exigentes acerca de cómo estás o cómo deberías estar.
Así evitarás sufrir, y tomar decisiones igualmente duras y exigentes, en forma de dietas imposibles o rutinas de ejercicio insostenibles.
Está bien que quieras perder peso, pero la dureza sobra porque no te ayuda en nada.
En su lugar, reconoce que el peso que tienes ahora no te gusta, pero que no estás dispuesta a seguir amargándote la vida por eso.
De esa forma, puedes despojar al peso de toda carga adicional, y cuidarte de una manera sencilla y amable para ti, al tiempo que te enfocas en disfrutar de la vida, que es para lo que estamos aquí.
No hay nada que te impida caminar en esa dirección.
El camino está despejado.


