Emociones y comida: la tristeza

7

Nov, 2018

Hoy comienzo una serie de post sobre las emociones básicas que nos empujan a la comida: la tristeza, la rabia, y el miedo.

Espero dar respuesta o, al menos, alguna pista, a aquellas personas que quieren perder peso más que nada, pero sienten que no pueden hacerlo.

¿Y por qué no?, ¿qué es lo que realmente nos impide conseguir el cambio físico que tanto deseamos? Ni más ni menos que la falta de información sobre cómo funcionamos por dentro, que incluye lo que sentimos y sus consecuencias sobre cómo actuamos.

Todos llevamos de serie un pack emocional. Conocerlo un poco nos ayudará a gestionar mejor nuestra relación con la comida y el peso, así que vamos a empezar con una de esas emociones que puede bloquear nuestros planes de cambio: la tristeza.

¿Qué es la tristeza?

La tristeza tiene que ver con pérdida. Aparece cuando perdemos a alguien que queremos, o algo que era valioso para nosotras (una situación, una oportunidad…)

Esa pérdida nos empuja a llorar por lo inevitable, a sentirnos vulnerables ante ese cambio en nuestra vida y a encerrarnos en nosotras mismas. Durante un tiempo, necesitamos permanecer más recogidas, a solas, tranquilas… y no tenemos ganas de estar activas.

Como todas las emociones, la tristeza es necesaria, y nos ayuda a ver lo que realmente es importante para nosotras. Si aceptamos lo que ha ocurrido y nos damos tiempo para vivir esa emoción, acabará pasando.

“Amo la tristeza. Te hace sentir más que nada” Jeff Ament

¿Qué tiene que ver la tristeza con la comida?

Para contestar a esta pregunta voy a apoyarme en el estupendo proyecto Universo de Emociones, que ilustra este post. Es una idea original de Víctor Palau y Ana Gea, que han representado nuestro mundo emocional como un universo. El resultado de su trabajo no sólo es precioso, sino también muy útil para emplearlo como guía cuando quieres saber más acerca de las emociones que sientes.

La foto superior es de la galaxia de la tristeza, que incluye todas las emociones relacionadas con ella. Seguro que no te resultarán ajenas… ¿quién no ha sentido alguna vez nostalgia, melancolía, dolor, decepción o amargura?

Si a todo esto le sumamos el hecho de que son las emociones las que nos empujan a actuar o nos bloquean, ya tienes la respuesta que buscabas: no es fácil empezar un nuevo plan de actividad física cuando sentimos pesar, abatimiento o desilusión, y no tenemos ánimo para dejar de comer cuando es lo único que nos consuela ante la soledad, la nostalgia o la desmotivación que sentimos.

Dicho de otra manera, tener claro que quieres perder peso a nivel mental no es suficiente, también tienes que revisar que tu estado emocional te ayude a ir a por ello.

¿Cómo romper el vínculo entre comida y tristeza?

Recurrir a la comida cuando estamos tristes es algo muy frecuente.

Nadie nos ha enseñado qué tenemos que hacer cuando nos sentimos mal, así que sin darnos cuenta empezamos a utilizar la comida para distraernos, para no pensar en ello, para huir de algún modo… en definitiva, para no sentir lo que estamos sintiendo.

Con el tiempo, como todo lo que repetimos, comer cuando estamos tristes se convierte en un hábito, y creamos un vínculo inconsciente entre ambos que no es fácil romper.

O quizá sí.

Hay personas que sólo necesitan hacerse conscientes de todo esto para dejar de recurrir a la comida. Simplemente empiezan a observarse, dejan de actuar en piloto automático y, cuando se dan cuenta de que van a comer emocionalmente, deciden hacer otra cosa para distraerse. De esa manera, poco a poco, rompen el hábito.

Si eso no te funciona, la opción infalible es tomar la decisión de hacerte cargo de tu mundo emocional, es decir, dedicar algo de tiempo a entender lo que te pasa por dentro, perder el miedo a lo que sientes, mirar con otros ojos las emociones que te incomodan y dejar de salir corriendo cuando llegan.

Al fin y al cabo, forman parte de ti y sólo quieren mostrarte tus verdades: que esa persona con la que has roto era importante para ti, que te duele haber perdido aquella oportunidad que tanto esperabas, o que ya no volverá la vida que un día tuviste.

Porque la vida es cambio, aunque a veces duela.

 


Todo esto te lo cuento porque yo me pasé más de dos décadas comiendo emocionalmente. Vivía dando tumbos de galaxia en galaxia, huyendo de lo que sentía, con la comida como mejor aliado y un sobrepeso al que culpaba de todos mis males en la vida. La verdad es que no sabía qué hacer ni cómo salir de todo aquello, así que me dedicaba a probar dietas y a bajar y subir de peso constantemente, creyendo que ese era mi verdadero problema. Hasta que, un día, dejé de intentar comer menos y me lancé a vivir más, ¿te apuntas?

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para salir de la trampa del peso

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