La comida no es la respuesta

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Oct, 2018

La mayor parte de las personas que quieren perder peso enfocan sus esfuerzos en controlarse con la comida.

En general, tratan de cambiar sus hábitos de alimentación siguiendo un plan de alimentación bajo en calorías que, en el mejor de los casos, se adapta a su estilo de vida.

Algunos van más allá y se lanzan a hacer ejercicio para acelerar los efectos de una dieta que casi nunca da buenos resultados a medio plazo.

Si eres una de estas personas y aún no has conseguido mantenerte estable en un peso en el que te sientas bien, hoy voy a contarte por qué creo que la comida no es la respuesta a los problemas de peso.

El ciclo de las dietas

Cuando los problemas de peso persisten en el tiempo, vivimos inmersas en este ciclo, que se repite sin fin:

1) Nos ponemos a dieta, ¡y conseguimos adelgazar!

2) Nos venimos abajo y recuperamos todo el peso perdido, con algún kilo más de propina

3) Nos sentimos frustradas y profundamente desanimadas

4) Nos volvemos a ilusionar con la idea de perder peso con una nueva dieta… y vuelta a empezar

“Para cambiar tu cuerpo por fuera, observa lo que te ocurre por dentro”

En este ciclo todo gira en torno a la comida, lo que en su momento me llevó a pensar que quizá la respuesta estaba en otro lugar. Para entonces había recorrido el ciclo decenas de veces y tenía 20 kilos de más encima.

Descubrí que esos 20 kilos tenían mucho que enseñarme: eran la prueba física de que algo no iba bien, de que mi manera de estar en el mundo no me permitía vivir serena, centrada, y mantener una relación natural con la comida.

Recuperar ese centro fue entonces mi objetivo, y en el camino pude darme cuenta de que el sobrepeso no es más que el reflejo externo de nuestro estado interior.

¿Qué te impide perder peso?

Si ya estás cansada de luchar contra los kilos a base de controlar lo que comes, te animo a ocuparte de tres factores que tienen más peso que la comida en todo lo que te está pasando:

1) Recupera la conexión contigo misma: deja de juzgarte y de sentirte culpable por estar como estás. No te rechaces, sé amable y comprensiva contigo misma, trata de ver todo lo bueno que sí tienes y conecta con lo que realmente quieres, con lo que necesitas para sentirte bien.

2) Cambia tu mentalidad: que no es más que tu manera de ver las cosas. Si ya sabes lo que quieres en tu vida, deja a un lado cualquier impedimento que creas que tienes para conseguirlo, porque no es real. Nada de lo que te ha pasado hasta ahora importa. Suelta todo eso y enfócate en una sola cosa: en hacer lo que tienes que hacer para lograr lo que quieres.

3) Ocúpate de tu ánimo: que es lo que te empuja a actuar o te bloquea. Favorecer un estado de ánimo que te impulse te dará la vida, así que llena tu cabeza de estas ideas: “sé que puedo hacerlo, creo en mí, tengo ilusión por cambiar y me lo merezco, me merezco vivir mi vida en un cuerpo en el que me sienta bien”. De esta forma el foco se coloca en las posibilidades, no en las dificultades, y todo se vuelve más fácil.

Después, y sólo después, vendrían los cambios en tus rutinas que te ayuden a perder peso. Y, desde mi experiencia, esos cambios van solos si consigues hacer bien el trabajo contigo misma.

Cuidar tu alimentación y moverte un poco no volverá a ser un suplicio, será algo que tú elijas, ¡y estarás feliz de poder hacer lo que realmente quieres hacer con tu vida!

 


Cuando existe coherencia entre lo que de verdad deseas y lo que haces, poniendo tu mente a tu favor, tu disposición de ánimo para conseguirlo será total, y los resultados no tardarán en llegar. Lo mejor es que recuperas la relación natural con la comida que un día tuviste, y comes lo que necesitas, sin más, como cualquier persona sin problemas de peso. Y desde esa libertad… ¡la vida se ve de otra manera! Te animo de corazón a intentarlo y, si en algún momento crees que te vendría bien un poco de apoyo, por aquí tienes más información.

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